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Depresión estrecha y alargada, en el fondo de la cual corre o ha corrido un curso de agua. Los valles han tenido un gran papel en las reflexiones de los geógrafos, puesto que constituyen elementos fundamentales del relieve y los paisajes de la Tierra, de la repartición de los hombres y de una parte de sus actividades.
Desde el siglo XVIII, los geógrafos físicos le concedieron un lugar fundamental en la reconstrucción de la evolución del relieve de la Tierra, cuando establecieron que la mayor parte de ellos habían sido creados o profundizados por la acción de los cursos de agua cuyo fondo ocupaban. Ellos son los que manifiestan mejor el papel de la erosión en la génesis de las formas topográficas, puesto que disecan poco a poco un bloque continental apenas emergido o sobreelevado y profundizan allí un sistema de depresiones estrechas convergentes que llevan hasta el mar o a una depresión interior. Para los geomorfólogos de finales del siglo XIX, el perfil transversal y el ancho de los valles son índices confiables de la duración de la erosión de las aguas corrientes (o erosión fluviátil). W. M. Davis (1909) reconstituía, a partir de allí, ciclos de erosión, cuyo primer estadio -o estadio de juventud- estaba caracterizado por valles estrechos, recientemente cavados por torrentes en un bloque sobreelevado o emergido; el segundo estadio -denominado de madurez-, corresponde a valles cavados más profundamente y más ampliamente; y el último estadio -de vejez- caracterizado por valles muy amplios con vertientes muy suavizadas por una larga erosión, durante centenas de miles de años. Una nueva sobreelevación provoca el socavamiento a partir del frente de valles nuevos o se vuelven a socavar los valles existentes, llamados rejuvenecidos. Una ruptura de pendiente más o menos neta marca el límite alcanzado hacia el fondo del valle por la nueva fase de socavamiento. Varias generaciones de geomorfólogos se consagraron así al análisis de los perfiles longitudinales y transversales de los valles para discernir en éstos las diferentes fases de sobreelevación y de erosión (en particular H. Baulig, 1928).
Las investigaciones geomorfológicas ulteriores mostraron que los perfiles longitudinales y transversales de los valles dependían también de factores estructurales (coherencia y fisura de las rocas) y climáticos (débil capacidad de socavamiento de los cursos de agua tropicales, que explican la sucesión característica de tramos y de rápidos). La presencia de terrazas rocosas o aluviales a lo largo de los cursos de agua ha sido explicada por variaciones del nivel marino de base, luego por variaciones de la carga sólida transportada por los cursos de agua en función de la alternancia de períodos fríos y tibios durante la era cuaternaria (J. Tricart, 1949). Los valles que fueron invadidos por lenguas glaciares durante el Cuaternario presentan perfiles longitudinales y transversales característicos, donde secciones anchas y de fondo plano rodeadas de vertientes muy raídas (valles en U o en auge) alternan con gargantas. Los valles en las rocas calcáreas espesas, denominados cañones, tienen un perfil transversal subvertical. Terminan a veces por un abrupto en la parte más baja; las aguas fluviales se pierden en profundidad en las fisuras del calcáreo.
Un valle corresponde en principio a una parte de la cuenca de un solo curso de agua. Pero, por extensión, se puede llamar “gran valle” a una vasta depresión drenada por varios cursos de agua (ejemplo: el Gran Valle de California).
La presencia de aguas corrientes, la calidad plana frecuente del fondo de los valles, formados por aluviones a menudo fértiles, atrajeron desde muy temprano a grupos humanos que encontraban allí el agua para beber para ellos y sus ganados, el agua para sus cultivos, un medio de desplazarse y de transportar cargas más o menos pesadas si el caudal del curso de agua era suficiente. Utilizaron las terrazas aluviales secas para implantar allí sus pueblos, caminos, más tarde rutas, en el siglo XIX vías férreas. Varios milenios antes de nuestra era, el fondo de los valles húmedos más amplios fue profundamente transformado por la creación de parcelas irrigadas, consagradas al cultivo del arroz (Asia meridional y oriental), del trigo, de frutas y legumbres (Mesopotamia, Egipto, etc.), en el marco de “civilizaciones hidráulicas” y de Estados bien organizados y relativamente estables. En esos valles, se constituyeron y permanecen aún densidades de población muy elevadas. El desarrollo de los intercambios, desde la Antigüedad o la Edad Media, contribuyó a la creación y después a la extensión de numerosas ciudades. Los capitales acumulados gracias al comercio fueron invertidos a partir del siglo XVIII en Europa occidental, del siglo XIX en Estados Unidos y en el resto de Europa, en manufacturas y fábricas que podían emplear la fuerza motriz de las aguas o las aguas mismas, importar y exportar fácilmente por vía navegable. Los valles que disponen de un curso de agua con caudal abundante y regular se volvieron entonces espacios densamente poblados, urbanizados, localmente muy industrializados, y se distinguen netamente en una carta de la repartición espacial de la población por puntos de las mesetas y las montañas que los rodean. Por esta razón, los atlas y los mapas escolares toman a menudo como fondo de referencia los cursos de agua o los valles.
La alineación de los cultivos, de los pueblos, de las ciudades y de las infraestructuras de transporte, la influencia que unos y otros ejercen sobre las mesetas y montañas próximas, hicieron incontestablemente de ciertos valles los elementos principales de la organización del espacio en la escala regional, nacional (valle del Ródano) incluso continental (valles del Rin, del Danubio), con formas, modelos, modelos de organización del espacio, “corotipos*” (R. Brunet) característicos como el val* [valle] (cf R. Dion, 1933), el valle industrial, la región anisótropa correspondiente a un valle amplio como el del Po (A. Dauphiné, 1999), el delta arrocero (P. Gourou, 1936).
Sin embargo, todos los valles no están densamente poblados, urbanizados, animados por una agricultura de calidad o de intercambios intensos. Todavía es necesario que posibiliten la conexión entre polos urbanos activos, que el curso de agua que los drena sea navegable en cualquier estación, que el fondo del valle no sea ni demasiado seco ni demasiado pantanoso, ni demasiado estrecho. Muchos valles tropicales o ecuatoriales son desiertos, sin contar los valles secos de los dominios áridos, que no son drenados por un curso de agua permanente.
Desde principios del siglo XX, algunos geógrafos se interesaron por las tensiones y los riesgos propios de los fondos de valle, en una problemática medioambiental: riesgos de inundaciones recurrentes (cf Demangeon, en el caso del valle de la Somme, 1910; Dion, en el del Valle del Loira, 1933), consolidación de los fondos colmados de agua, estancamiento de las aguas, brumas. Otros estudiaron más bien la gestión de las aguas y el ordenamiento de los cursos de agua (J. Bethemont en el caso del Ródano, 1960).??
Más abajo, el contacto de los valles con el mar se hace en desembocaduras amplias y pantanosas, los deltas*, cuando los aportes sedimentarios son importantes; o por el contrario, en desembocaduras bastante estrechas y encajadas en mesetas litorales, los estuarios. Estas desembocaduras, en relación directa con las actividades marítimas, fueron lugares privilegiados para la implantación de puertos, de factorías, de industrias que procesan los productos importados o de exportación.
Más arriba de los valles montañosos, primero gargantas y luego túneles ferroviarios y camineros han permitido comunicarse con valles situados entre polos dinámicos a pesar de los obstáculos de la pendiente y del tiempo invernal.

Gérard Hugonie

Referencias bibliográficas:
- BAULIG, 1928 , Le plateau central de la France, étude morphologique
- BÉTHEMONT J.,196x, L’eau et son utilisation dans la vallée du Rhône ?
- BRUNET R., 1990, Mondes nouveaux, Géographie Universelle, t. I, Reclus-Hachette
- BRUNHES J., , « Le Val d’Aniviers, Annales de géographie
- DAUPHINÉ A., 1999, l’Italie, Fac, Nathan.
- DAVIS W.M., 1909, Geographical essays, Boston
- DEMANGEON A., 1905, La Picardie et les régions voisines, Armand Colin
- DION R., 1933, Le Val de Loire, étude de géographie régionale. Tours, chez l’auteur
- GOUROU P., 1936, Les paysans du delta tonkinois, Ed. Art et Histoire.
- TRICART J., 1949, La partie orientale du Bassin de Paris, étude morphologique, SEDES.