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Zona

 
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La palabra zona tiene un sentido preciso, directamente ligado a la etimología, que remite a la noción de cintura (zona = cintura). Es también objeto de un empleo mucho más general y difuso, para designar cualquier porción de espacio, sin referencia a una forma geométrica bien definida. El recurrir a este segundo uso no es raro en geografía, pero el primero desempeña un papel particularmente importante en nuestra disciplina, y este artículo le será consagrado a éste.
El sentido preciso de la palabra “zona” se refiere a la etimología (griego, zônê = “anillo”). En geografía, la noción es objeto de dos empleos bastante diferentes, según que uno se sitúe en un espacio en tres dimensiones o en un plano.

- Referencias globales

Sobre el globo, una zona es un anillo delimitado por dos pequeños círculos; y más específicamente, en el globo terrestre, es un área delimitada por dos paralelos (intersecciones entre planos paralelos en el plano del Ecuador y la superficie del globo). Los husos están situados según su distancia angular al Ecuador, su latitud. El adjetivo “zonal” se emplea por lo tanto para aludir a todo fenómeno o toda propiedad de un área, de un lugar, en relación con su «latitud.» (“El balance térmico es ampliamente un fenómeno zonal”). Designa también la dirección de un desplazamiento a lo largo de los paralelos de este a oeste o de oeste a este (“en las latitudes medias, la circulación atmosférica está dominada por vientos zonales del oeste”). La importancia del factor latitudinal condujo a proponer divisiones del globo en zonas discretas, a proceder a una zonificación. La mejor definida de estas zonificaciones se funda en fenómenos cósmicos que rigen la altura alcanzada por el sol por encima del horizonte en su curso diario, y las duraciones respectivas de los días y de las noches. Un papel particular en la delimitación de zonas discretas se atribuye a paralelos singulares: los «trópicos», donde el sol pasa por el cenit una sola vez a mediodía durante el año, y entre los cuales este paso tiene lugar dos veces al año; los círculos polares, donde hay un día y una noche de 24 horas una vez por año. En los polos, un día de seis meses alterna con una noche de seis meses. Se puede así definir una zona intertropical (23°27’ sur à 23°27’ norte), una zona de altas latitudes (al norte y al sur de los 67°33’ de latitud), y entre ellas una zona de latitudes intermedias o “medias”. En el interior de la zona intertropical, el Ecuador es un límite significativo. Los pasos del sol en el cenit están espaciados por seis meses, y los días y las noches son iguales entre sí todo el año. Además, en el Ecuador la desviación de los movimientos por la rotación terrestre (“desviación de Coriolis”) cambia de sentido y pasa a un valor nulo. Existen otras zonificaciones más finas que la que acaba de ser descrita: plantean problemas más complejos. Como la latitud es un factor importante de la explicación de los climas, las zonas están definidas frecuentemente en función de caracteres climáticos y ocurre entonces que el adjetivo zonal se toma como sinónimo de “climático” –una práctica por lo demás bastante discutible-. La noción de zona y las que están asociadas con ésta se comprenden mejor si se las sitúa en relación con una noción complementaria y en parte antinómica, la de huso. Es una porción del globo delimitada por dos grandes círculos que pasan por los polos, los “meridianos”. Simétricamente, respecto de lo que se ha dicho de las zonas, los anillos están ubicados en« longitud», se les asocia un adjetivo, “meridiano”, que señala una posición y una dirección (dirección meridiana: a lo largo de los «meridianos», luego norte-sur y sur-norte). Desde el punto de vista de las direcciones, conviene indicar seguidamente que todo movimiento en la superficie del globo puede ser considerado como la adición (más precisamente como la suma vectorial) de un componente zonal y de un componente meridiano. Este análisis se emplea mucho para la descripción de los vientos y de las corrientes marinas, comprendida aquí la cartografía y numerosas formas de esquematizaciones.

- Los climas: de la zonificación al mosaico

La posición en latitud en el globo determina ampliamente los balances térmicos anuales y estacionales de la superficie terrestre y de la atmósfera que la envuelve. Estos balances son positivos en las bajas latitudes (de hecho, entre los 38º de latitud norte y sur), negativos más allá de éstas, y cada vez más fuertemente negativos hacia los polos. La amplitud de las diferencias varía según las estaciones: son más netas en invierno que en verano: en esta segunda estación, las desventajas de las latitudes altas desde el punto de vista de la altura del sol por encima del horizonte se compensa parcialmente con días más largos que en las latitudes bajas. Estas diferencias en los balances térmicos se traducen en diferencias de temperaturas atmosféricas, que disminuyen en general desde el Ecuador hacia los polos; un hecho mayor que ha conducido a presentar la distribución de los climas en la superficie del globo bajo la forma de una sucesión de zonas, en términos bastante variados según la riqueza del vocabulario de los autores: zona cálida (o tórrida), zona árida (bastante frecuentemente omitida de la lista), zona templada, zona fría, zona glaciar (o incluso zonas subpolar y polar). Bellos mapas en colores vivos ilustran estas reparticiones en los manuales y los atlas y marcaron las memorias de generaciones de estudiantes. Esta imagen es de hecho un modelo de uno de los componentes de la repartición de los climas. Se sabe bien que los modelos no son más o menos verdaderos, sino más o menos útiles, y que se fundan en simplificaciones que hacen de éstos imágenes incompletas que crean ilusiones si se manejan sin precaución. Es el caso que se presenta aquí; los desvíos entre el esquema zonal y la repartición de los climas son importantes –lo que no inhabilita la utilidad de este esquema en la medida en que es la expresión de un componente esencial de la génesis de los climas. Pero otros dos componentes intervienen en su distribución.
Por una parte, los balances térmicos no dependen sólo de la latitud: sobre las masas continentales, aunque todas las cosas son iguales además desde el punto de vista de la latitud, tienden a ser negativas en invierno y positivas en verano; los continentes son lugares de elaboración de masas de aire relativamente frías en invierno, relativamente cálidas en verano. Los balances térmicos implican fluctuaciones menos netas en las masas oceánicas, de manera que los contrastes con las masas continentales cambian de sentido y de amplitud en el transcurso del ciclo anual. Como la repartición de los océanos y los continentes no es zonal, se dirá que hay un “componente azonal“de los balances térmicos.
Por otra parte, las diferencias de balance (zonales y no zonales) inducen una serie de movimientos de la atmósfera en todas las escalas, principalmente en la escala global. Estos movimientos obedecen a determinaciones complejas, donde las desviaciones de los movimientos por la rotación de la Tierra se combinan con los contrastes térmicos. Por lo tanto, éstos tienen a la vez componentes zonales y azonales. Desempeñan un papel importante en la génesis de los climas, para la distribución de las precipitaciones, pero también de las temperaturas. La combinación de los componentes zonales y azonales en la génesis de los climas explica los desvíos entre su repartición real y el esquema zonal. Se pueden poner en evidencia estos desvíos cambiando de punto de vista:
Una misma zona puede comportar de hecho climas diferentes. Por ejemplo, la zona entre 40 y 60º de latitud norte se califica corrientemente como “zona templada”, mientras que los climas templados sólo ocupan las partes occidentales de los continentes, y se hallan en esta zona climas entre los más extremos del planeta (inviernos muy fríos y secos, veranos cálidos y lluviosos). Se podría sugerir que las representaciones de una zona templada en el entorno de la Tierra tienen un ejemplo bastante bueno de eurocentrismo…
Un mismo carácter climático puede referirse a varias zonas según el huso: climas áridos desde las latitudes tropicales en los husos occidentales de los continentes hasta las zonas de latitudes medias en los husos centrales. Por eso todos los continentes presentan “diagonales áridas”.

Desde un punto de vista más amplio, se puede decir que los diferentes tipos de husos presentan distintos tipos de zonificación de los climas.
- Centros et círculos concéntricos

La noción de zona en su acepción más precisa se aplica también a los espacios de dos dimensiones: el área comprendida entre dos círculos concéntricos evoca precisamente la forma de la “cintura”, y merece ser calificada de “zona”. La diferenciación del espacio alrededor de un punto o de un área central, en función de la distancia a ese centro, es un objeto clásico de reflexión y de modelización en diversos dominios de la geografía; se ha apelado, en la explicación, a procesos muy variados, para dar cuenta del papel de la distancia al centro. Por el hecho de esta generalidad y de esta variedad, no es posible aquí intentar incluso una clasificación somera de los modelos concéntricos, y nos contentaremos con algunas observaciones sobre los procesos de modelización, refiriéndonos a un ejemplo de los más clásicos. El «modelo» de Von Thünen, en cierto modo el ancestro de las marchas en análisis espacial, explica la repartición óptima de los sistemas de cultivos alrededor del centro de una explotación, en función del costo del transporte de los productos y de su precio de venta. Von Thünen comenzó con un modelo muy simplificado, fundado entre otras cosas sobre una isotropía de los costos de transporte, que le permitía obtener estructuras en círculos concéntricos regulares. El abandono de esta simplificación, por la introducción de ejes de transporte en costos menores, conducía a deformar los círculos y a proporcionar una imagen más realista de las distribuciones de los sistemas de cultivos. Se ve bien que aquí hay una analogía con la marcha relativa al estudio de los climas mundiales: en los dos casos, una imagen muy simple da cuenta de la traducción espacial de un componente fundamental: la adición de uno o varios componentes suplementarios proporciona luego imágenes más complejas, pero más realistas. A la introducción de la lógica de los husos junto a la de las zonas en climatología le corresponde bastante bien la asociación de las lógicas concéntricas y de las lógicas sectoriales en varios de los modelos de geografía urbana o rural. El tomar en cuenta componentes múltiples proporciona la explicación, pero las simplificaciones ayudan a identificar esos componentes. Las analogías estructurales en torno a la noción de zona en aplicaciones muy diferentes subrayan su papel como útil de modelización.

François Durand-Dastes