Metrópoli

En su acepción más general, metrópoli remite a la idea de la ciudad mayor en un conjunto con otras ciudades o de un territorio, sobre las cuales ella ejerce diferentes funciones asociadas a su primacía. El zócalo etimológico del término pertenece al mundo griego, y más precisamente al fenómeno colonial: la metrópoli es entonces la “ciudad madre” (de méter y polis), la que proyecta su urbanidad en ciudades coloniales sobre las cuales ejerce funciones de gestión. Las huellas de este significado todavía se encuentran en geografía política: la metrópolis es el Estado y su “territorio”, considerado en relación con sus colonias (o con sus países de mandato, sus protectorados), o con sus territorios de ultramar: en Francia, por ejemplo, se utiliza corrientemente la expresión Metrópoli y departamentos de ultramar. Sin abstraerse totalmente de la idea de administración política, ha perdurado una significación más estrictamente urbana.
Durante mucho tiempo, la metrópoli fue identificada en relación con un territorio de referencia (región, país, imperio, etc.) sobre el cual basaba su preeminencia. Desde fines del siglo XX, el contexto de aceleración de la “mundialización” contribuyó a cambiar el sentido del término. La metrópoli, ciudad muy grande ciertamente, al menos fue identificada más por su posición y por sus funciones de polo urbano mayor, incluso dominante para un territorio dado, que por su papel en las redes de intercambios intermetropolitanos de esa mundialización. Por último, junto a esta evolución muy general del sentido del término, ampliamente admitida en la actualidad, se notará un cierto deslizamiento del sentido operado en el marco legislativo francés. Desde 2014, se identifican como metrópolis un cierto número de grandes ciudades del territorio francés que se beneficiarán de formas particulares de gobernanza; este uso de la palabra tiende a ser dominante en la esfera pública.
En el Imperio Romano, la metrópoli es la capital administrativa de una provincia y luego, la capital de una provincia eclesiástica. Posteriormente, la expresión se refirió más frecuentemente a la noción de ciudad principal. De este modo, durante mucho tiempo la metrópoli designó a una ciudad mayor que se impone por su peso, su poder (cuya dimensión demográfica era ya uno de sus componentes entre otros) y por la extensión, la intensidad y la diversidad de su influencia territorial. Esta última fue evaluada en relación con territorios de referencia de niveles variados: regional, nacional (metrópoli regional y/o nacional), incluso internacional (tales como París y Londres, además de Viena, capitales de Estado y ciudades con influencia internacional en vísperas de la primera guerra mundial; o Nueva York, metrópoli nacional e internacional en los años 30; Los Ángeles, metrópoli del Oeste norteamericano en los años 60; Tokyo, Shanghai o Hong Kong en la actualidad, etc.). Aplicada a contextos territoriales de desarrollo desigual, la metrópoli se ha inscrito en consecuencia de un modo sostenible en sistemas urbanos nacionales más o menos integrados, más o menos jerarquizados, y más o menos abiertos hacia el exterior. La designación en Francia, en 1964, de ocho ciudades (o ciudades en red) denominadas metrópolis de equilibrio se asociaba a este sistema de representación de la metrópoli, puesto que esas ocho ciudades estaban destinadas a ocupar una posición jerárquica superior bien identificable como metrópolis regionales entre París y las otras ciudades de menor influencia y en general de menor tamaño.
Desde hace unos cuarenta años, se perfila una tendencia a definir la metrópoli más en relación con sus posiciones y roles en las redes mundiales intermetropolitanas. La revolución numérica hizo posible una aceleración y una intensificación de los procesos de globalización de los intercambios, los cuales pudieron, a escala mundial, apoyarse en el establecimiento de redes en cierto número de grandes ciudades. En posición de interfaz (Veltz 2005, Taylor 2004, Cattan 2007), estas metrópolis y/o regiones metropolitanas -cuyo modelo extremo, llamado “ciudades globales”, fue esbozado en 1991 por S. Sassen- se convirtieron en los lugares principales del funcionamiento mundializado económico, cultural, incluso político, descrito como metropolizado.
Respecto de las dinámicas económicas, cada vez más libres de los marcos tradicionales de armaduras urbanas nacionales, se dibuja poco a poco un nuevo modelo de metrópoli. Al ocupar una posición privilegiada de nodo en las redes de la mundialización, la “nueva” metrópoli concentra más particularmente las actividades fuertemente integradoras de innovación, ya se trate de las funciones primordiales de la organización de las empresas, de las actividades nuevas para las cuales el mercado metropolitano es un terreno privilegiado de experimentación, de aquellas que encuentran ventajosa la proximidad inmediata de un vasto mercado de empresas y de aquellas, finalmente, cuyo papel es el de prevenir y/o de acompañar una adaptación permanente de las sociedades y los territorios en los procesos de mundialización (sedes sociales, actividades financieras, servicios a las empresas, servicios de intermediación, enseñanza superior e investigación, actividades culturales y turísticas, etc.). Dichas metrópolis en red se vuelven también muy atractivas para actividades que el nuevo contexto globalizado ha convertido en vulnerables, y que buscan, con la reducción de las proximidades intrametropolitanas, un medio de manejar las nuevas tensiones. La metrópoli se vuelve el lugar por excelencia de una mezcla urbana cosmopolita (Beck 2007) que “permite a los actores mundializados beneficiarse de las ideas y las contribuciones productivas de pequeños actores locales, de su creatividad y su renovación incesante, avivada por la atmósfera metropolitana” (Veltz 2010).
Esos procesos de “metropolización” hacen que las nuevas metrópolis (Lacour C., Puissant S. 1999) modelen áreas urbanas muy vastas con límites imprecisos, policéntricos, heterogéneos, fragmentados, debido a fuertes especializaciones funcionales del suelo y a separaciones sociales. En esas regiones metropolitanas o áreas metropolitanas se forjaría un nuevo modelo social, el de la “metropolidad” que, según Bassand (2001), se basaría en “la individualización y la individuación de las prácticas de sociabilidad en red” y que, para Soja (2000), “estaría acompañada de una conciencia posmoderna, de una ‘reconfiguración cultural e ideológica’ que modifica nuestra experiencia del ser social”. Algunos autores, como O. Mongin (2005) o incluso Th. Paquot (2015) por ejemplo, se preguntan por el devenir de la condición urbana en esos nuevos medios. Otros reconocen en dichas configuraciones urbanas nuevos objetos como, por ejemplo, la “metápolis” de Ascher (1995) o la “exópolis” de E. Soja (1992), testimonios de la posmodernidad.
En Francia, “metrópoli” se ha convertido en una de las palabras claves de la comunicación y de la “benchmarking” [evaluación comparativa] urbana. El término se difundió como reguero de pólvora en las denominaciones de los proyectos urbanos intracomunitarios (por ejemplo: “París-metrópoli”, “Burdeos-metrópoli”, y no solamente en las ciudades más grandes (por ejemplo: “Chambery-metrópoli”), ¡de ahora en adelante cada uno quiere acceder a las grandes ligas! Se pasa entonces del estado al proyecto. La palabra también se utilizó en la ley del 27 de enero de 2014, denominada de “modernización de la acción pública territorial y de afirmación de las metrópolis –ley de Maptam-”, que se refiere sobre todo a una cuestión de gobernanza de las grandes ciudades: establece que, a partir del 1° de enero de 2015, los establecimientos públicos de cooperación intercomunal (EPCI) con fiscalidad propia, que forman un conjunto de más de 400.000 habitantes en un área urbana de más de 650.000 personas se transformen por decreto en una metrópoli.

Thérêse Saint-Julien
Ver también: “capital

 

Références
-Ascher Fr., 1995, Métapolis ou l’avenir des villes. Paris Editions Odile Jacob, 346 p.
-Bassand M., 2001, Les six paramètres de la métropolisation, Les cahiers de la métropolisation, N°. 1, 33-39.
-Beck U., 2006, Qu’est-ce que le cosmopolitisme ? (trad de l’allemand), Aubier,‎ 345p.
-Cattan N. (edited by), 2007, Cities and Networks in Europe. A Critical Approach of Polycentrism. John Libbey Eurotext, 207p.
-Florida R., 2004, Cities and the Creative Class. Routledge Édition, 208 p.
-Hall Sir P., 1966, The world City. New York, McGraw Hill,
-Lacour C., Puissant S. (eds), 1999, La métropolisation - Croissance, diversité et fractures. Paris, Anthropos-Economica, Collection Villes. »,
-Mongin O., 2005, La condition urbaine : la ville à l’heure de la mondialisation. Paris, Seuil, 325p..
-Paquot Th., 2015, Désastres urbains, les villes meurent aussi. Paris, La Découverte, 148p.
-Pumain D., Paquot Th., Kleinschmager K., 2006, Dictionnaire : la ville et l’urbain. Paris, Economica.
-Sassen S., 2000, Cities in a world economy. London, Pine Forge Press ; 182 p.
-Sassen S., 1991, The Global city : New York, London, Tokyo. Princeton University press, 480 p., (réédité en 2001 et traduit en français en 1996 aux éditions La découverte).
-Scott A.J. (ed.), 2001, « Global City-Regions : Trends, Theory, Policy, Oxford University Press, 484 p.
-Soja.E, 1992, Inside exopolis : Scenes from Orange county.in M.Sorkin (ed) Variations on a theme park. N.Y. Hill&Wang
-Soja E., 2000, Postmetropolis, Critical Studies of Cities and Regions. Blackwell Publishers, 440 p.
-Taylor P., 2004, World city network : a global urban analysis
-Veltz P., 1996, Mondialisation, villes et territoires. Paris, PUF.
-Veltz P., 2005, L’économie d’archipel, Paris, PUF.
-Veltz P., 2010, Quel avenir pour les métropoles ? Constructif, n° 26.