ANTÍPODA

Palabra que habría sido inventada por Platón, la cual significa literalmente aquellos cuyos pies son estrictamente opuestos a los nuestros, con el fin de designar a un ser humano que camina en el otro hemisferio, y que tendría por ese hecho la cabeza abajo en relación con los griegos.
Esta cuestión estuvo en el origen de múltiples controversias en la Antigüedad y la Edad Media. Uno se preguntaba entonces acerca de la existencia eventual, en la parte austral de la Tierra, de un continente poblado (la Antítona) por seres humanos (las Antípodas) y situado más allá de una zona tórrida (sujeta ella misma a controversias) conocida como infranqueable. En un sentido más amplio, se planteaba así la cuestión de que los seres humanos pudieran vivir más allá de la ecumene griega. Para los padres de la Iglesia Medieval, la pregunta planteaba la posibilidad de existencia de otro origen humano que no fuera el de la Biblia, y de una manera más general la eventualidad de imaginar la Tierra de otro modo que no fuera una mirada europeocéntrica o incluso la pertenencia a la humanidad de grupos que viven de un modo estrictamente inverso al nuestro…
Solamente una vez que la hipótesis de Pitágoras sobre la esfericidad de la Tierra hubo triunfado (luego de haber sido combatida por San Agustín) y que el Renacimiento hubo redescubierto a los matemáticos griegos, el término antípoda pasó al vocabulario geográfico, deslizándose del mito a la ciencia y, por homología, del habitante al lugar.
En geografía, el vocablo designa hoy un punto situado en la superficie de la Tierra que es simétrico a otro en relación con la latitud y complementario en longitud. Clásicamente, las Antípodas Islandesas (próximas a Nueva Zelandia) tienen una latitud de 49º sur y una longitud de 178º este, mientras que las islas de Jersey y Guernesey tienen una latitud equivalente en el hemisferio norte y una longitud de 2º oeste.
Este término está formado por el prefijo anti (que significa opuesto), el cual se halla en el origen de varios topónimos, tales como Antilíbano, que es la cadena oriental de un conjunto de macizos dominados en el oeste por el Monte Líbano, o como Antípolis (transformada hoy en Antibes) que designaba a la ciudad ubicada del otro lado de la bahía de Niza. La segunda parte del vocablo (poda significa los pies) corresponde a la metáfora anatómica aplicada a la superficie terrestre. La pertenencia de Australia y Nueva Zelandia a un imperio británico donde no solamente el sol no se acostaba jamás, sino cuya industria textil vistió al resto de la humanidad de los pies a la cabeza, contribuyó a ilustrar concretamente la palabra antípoda y le permitió luego ser trasladada al lenguaje corriente para designar una idea o una cosa como opuesta a otra.
El uso polisémico del término antípoda ha inspirado, en el dominio editorial, el título de una revista anglosajona de geografía, surgida en 1968, y guiada por una voluntad inicial de defender la opinión contraria del pensamiento geográfico dominante. Al definirse en su subtítulo como una revista radical de geografía, se deseó, desde sus comienzos, asociar producción científica y militancia. En el centro de esta radicalidad inicial figura el «marxist tum» de los geógrafos de lengua inglesa, proporcionándole un aparato teórico para criticar la influencia de las técnicas cuantitativas y del positivismo, que se supone legitiman la economía liberal y la organización desigual de las sociedades. En el filo de los años, las reflexiones teóricas se orientaron hacia el posestructuralismo, el realismo crítico y ciertos aspectos del posmodernismo.
Treinta años (abril 1998) después de su fundación, la directora editorial (Linda Mc. Dowell) declaraba querer continuar atacando el desafío de la injusticia, la intolerancia, las desigualdades, y aportar un apoyo a todas las formas de lucha contra el poder y la dominación. La longevidad de esta revista al margen de las instituciones, aunque sus colaboradores estén todos integrados en el mundo académico anglosajón, se debe también a su capacidad de federar la defensa de las minorías y a adaptarse a las nuevas formas contestatarias, tales como las luchas antimundialización (número 3, vol. 32, julio de 2000).
Este deslizamiento de las problemáticas fue a la par de una rotación de los equipos editoriales. En los años 80, ella asocia a su comité de redacción geógrafos tan eminentes como R. Peet, D. Harvey, Ed. Soja, M. Santos o P. Villeneuve, pero se buscará allí en vano, como en otras revistas, la permanencia de la figura tutelar de uno o varios fundadores.

 

Referencias bibliográficas:
-Broc.N (1980), De l'Antichtone à l'Antarctique, en: Cartes et figures de la Terre, catálogo de la exposición, (Centre G.Pompidou).
-Collignon.B (2001), La géographie radicale à la recherche d'un second souffle, en: J.F.Staszack y otros: Géographies anglo-saxonnes (ed Belin).