Paisaje

Para comprender bien y analizar mejor el “paisaje”, la palabra y el concepto, es indispensable construir un sistema de definición en el cual se intenta encerrarlo, no obstante de un modo no tan estricto, para poder dar lugar al mayor número de usos posibles:

Para un buen número de investigadores, la aproximación del paisaje es primeramente la de las condiciones de su producción,
En el lado opuesto, un grupo aún más importante insiste en la percepción que los individuos y los grupos tienen de éste, muy frecuentemente en una perspectiva estética.
Entre estos dos puntos de vista y asociándolos a menudo de forma variada prima la utilización del paisaje, hecha o deseada,
En fin, algunos se interesan en el modo en que los objetos producidos, dispuestos en el espacio, forman imágenes potencialmente perceptibles, un paisaje visible.

Evidentemente, son numerosos los investigadores que se interesan en varios de estos temas, en proporciones que varían según los individuos y, para cada uno de ellos, según el momento.
Así concebido el sistema de definición es primero contenido en un sobre conceptual. Cuatro casillas están aquí en interacción:
un sistema “producción del paisaje”,
un sistema “paisaje visible”,
un sistema “percepción de los paisajes”,
un sistema “utilización de los paisajes”.
La figura «El sistema de definición del paisaje» muestra la organización de estas cajas. Se ve también que es suficiente aplicar el sistema conceptual de definición a una porción de espacio terrestre para que el tema se vuelva geográfico.
Para comprender más completamente el concepto de paisaje -¡y sin duda apreciar mejor los paisajes!- es necesario tomar en cuenta varias otras de estas propiedades:
Los paisajes se inscriben en el espacio. Para hablar del estatuto espacial de los paisajes, es indispensable partir de una pauta desde el principio: el paisaje está en todos lados, en todos los puntos del espacio geográfico, al menos como paisaje visible allí donde éste no ha sido aún nunca percibido: sus relaciones precisas en el espacio deben ser definidas.
Los paisajes evolucionan con el tiempo. No son vivientes en el sentido biológico del término, pero cambian sin cesar, en su totalidad o en tal o cual de sus partes: es importante, entonces, examinar los diversos aspectos del estatuto temporal de los paisajes.
La aprehensión de los paisajes privilegia uno de los cinco sentidos: la vista. Ya se trate de la Montaña Santa Victoria de Cézanne, del panorama de la bahía del Monte Saint Michel (San Miguel) vista desde el campanario de la Merveille (Maravilla) o de la llanura de Saint Denis (San Dionisio) desde el tren suburbano, nuestro ojo nos llena la cabeza del paisaje. Sin embargo, los otros sentidos pueden participar también en su aprehensión. Los ruidos del Barrio Latino y de Neuilly, las ciudades francesas y suizas románicas a uno y otro lado de la frontera jurásica, captadas por cierto en condiciones comparables, manifiestan varios paisajes auditivos. Con los ojos y los oídos cerrados, se siente cuando se dejan las mesetas del Jura, densamente forestadas, para esperar las primeras estribaciones, donde dominan los árboles resinosos. El tacto y el gusto pueden incluso tener aquí un papel ciertamente menor: el frío del tiempo anticiclónico del invierno de Alsacia sobre la piel, o el gusto de las brumas en Nez de Jobourg contribuyen a reforzar las impresiones paisajísticas.
Toda reflexión sobre el paisaje, ya se precie o no de científica, conduce a interrogarse sobre la calidad de la información que éste aporta sobre lo que lo compone, sobre el espacio geográfico que lo soporta (muchas estrategias pedagógicas se fundan sobre la ”lectura”…), pero también sobre aquéllos que lo miran, percibiéndolo, construyéndolo y, a veces, mistificándolo.
Finalmente, la noción de paisaje tiene una historia. Según las sociedades y las épocas, el fenómeno se menciona o se siente solamente; ocurre lo mismo en el campo científico.
¿Es posible reunir todo esto en una definición? Intentémoslo.
El paisaje es apariencia. Presenta una infinidad de imágenes del mundo que nos rodea, captadas en colecciones o en secuencias que no incluyen ni lo más próximo ni lo demasiado lejano. Muestra, en una visión tangencial, el espectáculo ofrecido por las combinaciones variadas de objetos dispuestos en todos los lugares de la superficie del globo. Es producido por sistemas de fuerzas complejas y evolutivos activados por la Naturaleza y los hombres. Potencialmente visible en cualquier punto del espacio, el paisaje no existe verdaderamente sino cuando es considerado como tal, muy a menudo en el marco de una visión artística, por los que lo perciben, lo viven y lo utilizan. No es reductible a su materialidad producida sino a su idealidad salida de las miradas de los que lo ven; la vista puede, por otra parte, estar secundada por los otros sentidos. El paisaje evoluciona sin cesar, tanto en su producción física como en la percepción que de él se tiene, sometida a mitos y a modas. En fin, la diversidad de las aproximaciones induce la variedad de las definiciones frecuentemente parciales que se encuentran: el término paisaje es fuertemente polisémico.

Laboratorio THEMA CNRS-UMR [Centro Nacional de la Investigación Científica, Unidad Mixta de Investigación] 6049, Francia

Notas de traducción:
– THEMA significa “Téoriser et Modéliser pour Aménager”, y en español, “Teorizar y Modelizar para Ordenar”.
– CNRS-UMR significa Centro Nacional de la Investigación Científica, Unidad Mixta de Investigación.