Conocimientos vernáculos

  1. Conocimientos populares, tradicionales, autóctonos, endógenos, locales, cotidianos, comunes… Todas estas expresiones, a pesar de su diversidad, abarcan el mismo ámbito: el de los conocimientos considerados no científicos. Se aprecia de inmediato la dificultad que entraña nombrarlos, y la importancia de los calificativos elegidos. En este contexto, la expresión “conocimientos vernáculos”, que apareció a principios de la década de 1990, está ganando terreno lentamente en la geografía. El principal reto es el reconocimiento del valor de los conocimientos no científicos para la producción de un conocimiento científico de calidad.

Durante mucho tiempo, el calificativo “conocimiento” estuvo reservado a lo que los sabios y luego los investigadores producían en sus estudios, y posteriormente, en sus laboratorios. La práctica de los geógrafos clásicos se inscribe en esta perspectiva. Para construir el conocimiento geográfico, es necesario basarse en información recopilada a través de los habitantes considerados buenos conocedores de su territorio, debido a su experiencia cotidiana. Pero allí debe interrumpirse el interés que se les puede conceder. Primero en el terreno, luego en su oficina, el geógrafo se encarga de construir el único conocimiento digno de ese nombre, destacado por el sello del rigor en la colecta de la información, en la validación mediante la multiplicación de las experiencias y en la búsqueda de un alcance universal, despojado de toda irracionalidad. (Robic 1991).

Uno de los efectos de la crisis de la geografía francesa de la década de 1970 fue provocar, entre los académicos, una reflexión profunda sobre el conocimiento que ellos producían. La dilucidación de las modalidades de construcción del conocimiento científico de ayer y de hoy, y la revelación de su contextualidad abrieron la puerta al reconocimiento de otros saberes, reduciendo la distancia que los separaba del académico. También se actualizó la circulación de los conocimientos entre las diferentes esferas (académica, popular, experta, etc.). El desarrollo de la etnogeografía modificó igualmente la percepción del conocimiento ajeno, si bien conservó cierto exotismo. Por último, la empresa de construcción de un conocimiento académico sobre nuestra Tierra se amplió a una nueva indagación sobre la forma en que los propios habitantes piensan y comprenden su territorio. De este modo, se legitimó el estudio del conocimiento de los no académicos.

  1. ¿Cómo caracterizar los conocimientos geográficos vernáculos? Al igual que el conocimiento académico, se afirman como una construcción intelectual y no solamente como una praxis basada en la experiencia. Se elaboran mediante la movilización conjunta de unidades de informaciones de tipos muy diversos, derivados de la experiencia, de razonamientos abstractos que corresponden a la geometría, la física, la biología, etc., así como de reflexiones de carácter filosófico. En conjunto, todas estas unidades de información conforman los conocimientos geográficos vernáculos. Como en el caso del conocimiento académico, la experiencia desempeña un papel fundamental en su formación. Pero, a diferencia del primero, no se basan en un enfoque analítico ni en multiplicación de experiencias. Dado que no son analíticos, la validez de los conocimientos vernáculos se evalúa en función de la coherencia del conjunto y de su aplicabilidad, y no de la exactitud de cada una de las unidades de información utilizadas. En los conocimientos geográficos vernáculos están implicados todos los sentidos, lo que les da fundamento para una experiencia ontológica del espacio y del medio. De ello se deduce que son necesariamente subjetivos y contextualizados. Por lo tanto, pueden ser únicamente plurales. Si bien se pueden identificar caracteres comunes a todo conocimiento geográfico vernáculo, las estructuras y los contenidos son siempre diferentes, al igual que las culturas, pero también los individuos cuyas expresiones representan. Por el contrario, existe un único conocimiento geográfico académico, en particular gracias a la objetivación que lo fundamenta y legitima su pretensión de cierta universalidad. Finalmente, los conocimientos geográficos vernáculos están poco formalizados y no tienden hacia la teorización, por lo cual resultan difíciles de transmitir de una persona a otra o a alguien ajeno al grupo, en el caso de los conocimientos compartidos, así como de forma abstracta. El conocimiento geográfico académico es, por el contrario, discursivo, está formalizado teóricamente y centrado en la objetivación y su comunicabilidad fuera de contexto. Una de las dificultades radica en la dimensión individual de todo conocimiento vernáculo, en la medida en que su constitución se basa principalmente en la experiencia directa del espacio, que sólo puede ser particular. Esto conduce algunas veces a considerar que solamente los conocimientos compartidos (por un grupo cultural, social, profesional) pueden (y deben) interesar al geógrafo.
  2. Desde un punto de vista académico, ¿qué puede aportar el estudio de estos conocimientos? Esto es, sencillamente, una cuestión inherente al proyecto de la geografía académica, que pretende construir un conocimiento pertinente sobre el mundo. Ahora bien, ese mundo no existe sin sus habitantes, agentes de su transformación continua. Sus acciones se basan en sus representaciones de este mundo, representaciones que son el reflejo de sus conocimientos sobre él. Por lo tanto, es imperativo tenerlas en cuenta. Además, el estudio de las particularidades de cada conocimiento vernáculo abre una reflexión prometedora sobre los fundamentos culturales del conocimiento académico. Si bien difiere netamente de los conocimientos vernáculos, existe, no obstante, cierta continuidad con aquellos arraigados en la cultura occidental. Por último, el carácter contextual y la finalidad práctica de los conocimientos vernáculos los ubican más cerca de una realidad en constante transformación y los constriñe a reformularse continuamente para adaptarse a esos cambios. La rapidez con la cual pueden hacerlo está ligada a su estructura prolífica y reactiva más que analítica, lo que los sitúa siempre por delante de las formulaciones académicas. Lo que el conocimiento popular capta en un movimiento global, de forma parcial y en parte intuitiva, el conocimiento académico puede luego formalizarlo y teorizarlo. Este último tiene, por tanto, mucho que ganar en un diálogo con el primero.

Béatrice Collignon

 

Bibliografía:

-COLLIGNON Béatrice, 2000, "Les savoirs géographiques ont-ils une valeur ?", in Yves Michaud (dir.), Qu’est-ce que la société ? U.T.L.S., vol. 3, Paris, Odile Jacob, p. 111-120.

-ROBIC Marie-Claire, 1991, « La stratégie épistémologique du mixte : le dossier vidalien », Espaces Temps, Les Cahiers, 47-48 : La fabrique des sciences sociales, p. 53-66.

-Var. aut., 2005, BAGF - Les savoirs vernaculaires en question (n° sur la ½ journée du 15 novembre 2003, dirigé par B. Collignon)