Paul Vidal de la Blache
Aspectos del erudito y su obra: Paul Vidal de la Blache (1845-1918) [1]
Paul Vidal de la Blache (1845-1918), graduado de la Escuela Normal Superior (1863-1866), catedrático de historia y geografía (1866), alumno de la Escuela de Atenas, -donde preparó una tesis sobre historia antigua, que defendió en 1872-, fue nombrado en 1872 profesor en la Facultad de Letras de Nancy, donde solicitó impartir exclusivamente clases de geografía. A partir de 1877 desarrolló una larga carrera en la Escuela Normal Superior, antes de ocupar una cátedra de geografía en la Sorbona, desde 1898 hasta 1909 (fecha en la cual se jubiló anticipadamente, lo que no le impidió continuar con su intensa actividad).
Publicó material escolar (mapas murales, libros de texto), trabajó en un Atlas a partir de 1883 y lo editó en versiones escolares. Junto con su alumno Marcel Dubois, fundó los Annales de géographie (1891) y una bibliografía geográfica internacional. En respuesta a un encargo del historiador Ernest Lavisse para abrir una historia de Francia desde sus orígenes hasta la Revolución con una perspectiva geográfica, preparó, desde fines de la década de 1880 el Tableau de la geographie de la France [Tabla geográfica de Francia], que se publicaría en 1903. Gracias al éxito de la obra, se convirtió en miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas en 1906. A partir del cambio de siglo, redactó varios artículos consagrados a la “geografía humana”, justificando inicialmente este neologismo mediante su referencia a la ecología botánica (1903), y desarrollando los temas de las densidades y los géneros de vida en los Annales de géographie de la década de 1910, preludio a un tratado publicado póstumamente (Principes de géographie humaine, 1922). Durante el decenio 1900-1910, la elaboración de esta Geografía humana se convirtió en su objetivo principal, ya que había encargado a sus estudiantes la redacción de una Geografía universal (Geografías), para la cual había elaborado el plan y seleccionado a los autores ya en 1907. Durante esa misma década, fue llamado como experto en ámbitos tales como la enseñanza, las disputas territoriales y la “cuestión regional”, lo cual lo llevó a proponer una reflexión sobre el papel de la circulación, sobre la función moderna de las ciudades, sobre la necesidad de una fuerte integración nacional en el marco de la competencia “mundial” que caracterizaba su época, y a elaborar un mapa de regionalización de Francia (1910). Con el estallido de la guerra, se consagró a la redacción de la France de l’Est (1917) -una obra de geografía política destinada a demostrar la antigüedad del apego de los alsacianos y loreneses al modelo político francés-, y a denunciar la concepción alemana de una hegemonía fundada sobre la dominación de los pueblos; el libro comienza con bocetos de carácter geopolítico.
Fundador de la escuela francesa de geografía, reconocido como tal desde comienzos del siglo XX, Vidal de la Blache fue un alumno precoz y dotado, pero tuvo, de hecho, una carrera relativamente lenta. Esto se debe a su propia personalidad, como atestiguaron sus contemporáneos (ver el anexo “Ellos han dicho de él”, adjunto), pero también a la complejidad de su trayectoria, durante la cual Vidal asumió un triple papel personal, sin contar el de “director de escuela”: como autoridad en la enseñanza de la geografía (primaria, secundaria y superior), evidente desde la década de 1990 a nivel internacional y nacional; como iniciador de una ciencia geográfica moderna, distanciándose de la historia y creando una “geografía humana” centrada en las relaciones hombres-medios, que debió conquistar su lugar a principios del siglo en el campo competitivo de las “ciencias sociales”; como especialista que abrió nuevas formas de especialización aplicadas a cuestiones fronterizas y de organización territorial nacional, así como a la preparación de los tratados de paz. Estas tres facetas del geógrafo –las del pedagogo, del erudito y del experto en geografía- se desarrollaron paralelamente, mientras él producía una obra diversa, siempre en curso, abierta y renovada, que habría que estudiar en su dinámica y sus sucesivos cambios.
En este sentido, su experiencia en América del Norte, en 1904, con motivo de un congreso internacional de geografía, provocó en este personaje -menos nostálgico que sensible a la riqueza histórica de las construcciones humanas- un impacto modernista que lo condujo a adoptar un pensamiento prospectivo. Ello se evidencia en el ámbito de la enseñanza, tanto en su crítica a la formación clásica (“una escuela de América” debería complementar las escuelas de Atenas y Roma…) como en su defensa de las “humanidades modernas” abiertas a la realidad del mundo contemporáneo y fundamentadas en la ciencia, que constituyen el principio mismo de la reforma de la enseñanza secundaria promovida en 1902 por la alta administración republicana. En la práctica política, este régimen temporal futurista exigía adaptarse a las dimensiones espaciales de una Tierra que se había vuelto “mundial” (neologismo de época, que él mismo ratifica): de allí la naturaleza de sus proyectos de reorganización territorial de Francia y de fortalecimiento del Imperio, así como su defensa de la creación de federaciones o asociaciones de Estados que se ajustaran a esta nueva grandeza (1917). Vidal de la Blache, arquetipo del académico republicano, era reacio al compromiso político. Patriota marcado por la derrota de 1870, poseía además un espíritu cosmopolita y europeo animado durante toda su vida, al estilo de Saint Simon, por una conciencia viva de las virtudes de la libre circulación.
Influencia y recepción [2]
Más que dogmático, fue un inspirador y un comunicador de ideas, que reunió a su alrededor una “escuela” que se extendió rápidamente a la Universidad y a los establecimientos secundarios gracias a una política educativa favorable a la disciplina geográfica (tanto por razones ideológicas como por pragmatismo económico: conocer los recursos y los mercados). Integrada por varias generaciones diferentes de acuerdo a su formación inicial, distaba mucho de ser homogénea, si se consideran los detalles. Complejo y estratificado en el desarrollo de la obra propiamente vidaliana, aunque poco formalizado, el modelo progresó de diversas maneras durante el período de entreguerras, en el cual la geografía gozó de un cierto prestigio entre los estudiantes sensibles a su inserción en la actualidad económica y política, y seducidos por prácticas que escapaban a los formalismos universitarios clásicos. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, las convulsiones mundiales, los choques de ideologías vinculados a la Guerra Fría y el relanzamiento de la renovación del aparato científico y de observación social dieron lugar a un nuevo ciclo de debates intelectuales que afectó progresivamente a la geografía. Significativamente, el legado denominado “vidaliano” se manifestó como una práctica “clásica” y luego “tradicional” a lo largo de la década de 1960, antes de sufrir cuestionamientos radicales concentrados a comienzos del decenio de 1970. Con cuestionamientos a su representación estática del medio (Georges Bertrand), a su inconsistencia científica (Alain Reynaud), a su idiografismo (Roger Brunet y la revista L’Espace géographique; Jacques Lévy y EspacesTemps), a su apoliticismo (Yves Lacoste y la revista Hérodote), los nuevos geógrafos de la época criticaban indiscriminadamente a un erudito y la tradición que supuestamente había engendrado. En las estrategias de consolidación que llevaban a cabo, otra arma que los críticos pudieron utilizar en los años 1970-1980 o más recientemente consistió en movilizar o rehabilitar otra figura tutelar de la disciplina, como Élisée Reclus. Si bien, marcadas por el presentismo, las controversias entre geógrafos produjeron analistas caricaturescos (difundidos a menudo por diccionarios y libros de texto), también permitieron replantearse la memoria disciplinar y reactivar un interés propiamente historiográfico tanto por la figura como por la obra de Vidal de la Blache, como lo demuestra una abundante literatura que evidencia su modernidad y su complejidad.
Actualidad
Más allá del mero interés disciplinar y en diversos momentos de la historia, la actualidad de Vidal de la Blache reside en el eco entre su obra y los interrogantes del presente: ya sea su movilización en los años 30 para contrarrestar la Geopolitik o, actualmente, las cuestiones de la memoria nacional (véanse las publicaciones impulsadas por Pierre Nora en la década de 1980) o de organización territorial; los desafíos de la movilidad y la circulación en un contexto “mundial”; el significado de los lugares y los territorios (simbólico, sensible, vernáculo) y la forma de “dar cuenta” de ellos mediante la palabra y la imagen; la formación de una curiosidad por otros lugares; las relaciones del hombre con el medio, que su geografía humana tenía por misión abordar, transgrediendo el límite (moderno) entre naturaleza y cultura, para gran disgusto de los sociólogos seguidores de Durkheim principalmente. En este último punto, la actualidad de la crisis ambiental podría suscitar una reevaluación de su programa de investigación sobre la interacción entre las “virtualidades” de los lugares y las “posibilidades” humanas, así como del “posibilismo” que se le atribuyó, al anclar una revisión intelectual en una crítica del dualismo moderno. Con sus divergencias con el pensamiento actual, con sus ambigüedades y sus aporías, esta obra ofrece puntos de partida para afrontar nuestro contexto contemporáneo, en particular para ubicarnos en relación con las recientes nociones del Antropoceno y las Humanidades Ambientales.
Marie-Claire Robic
Ver también: Albert Demangeon, Emmanuel de Martonne
Exposiciones virtuales:
Para acceder a la BIS (Exposiciones y Colecciones): www.nubis.univ-paris1.fr
Para la ENS: https://sherlock.ens.fr/exhibits/show/paulvidaldelablache
Algunas interconexiones vinculan cada uno de estos sitios.

