Polarización social
En las metrópolis de mayor tamaño, la polarización social es un proceso que generalmente se refiere a “una expansión de los niveles superiores e inferiores de la estructura socioprofesional y de las escalas de ingresos, a expensas de los niveles intermedios. Esta polarización está vinculada a los cambios en la demanda residencial que conducen a la gentrificación de una parte del centro de la ciudad y a la concentración de la población menos calificada en los segmentos menos deseables del mercado. La polarización socioprofesional va acompañada de una segregación social, en términos de estatus étnico o de ocupación de la vivienda” (Hamnett, 1994, p. 401). En La ciudad global, Sassen (1991) describe esta notable transición, desde una estructura de clases basada en la división del trabajo en las sociedades industriales (obreros, empleados, directivos), hacia una estructura social polarizada según la evolución de las sociedades posindustriales (actividades de coordinación de la economía global / actividades de servicios ordinarios y reproducción social).
Por lo tanto, en los trabajos contemporáneos, la hipótesis de la polarización social se asocia a la aparición de ciudades globales, en un nivel superior de la jerarquía urbana mundial, guiada por un análisis de los cambios en las estructuras socioeconómicas posfordistas. El siguiente texto se centrará en un debate científico anclado en un período de los estudios urbanos y referido esencialmente a la literatura anglófona (con algunas ramificaciones francófonas), basado en ejemplos tomados de las grandes metrópolis situadas en el Norte. Estos trabajos han contribuido notablemente a fijar el debate sobre la dualización o polarización social y económica, vinculada a las transformaciones del capitalismo global en red en las grandes metrópolis que coordinan la economía mundial. Friedman y Wolff (1982) describen la reestructuración social de un modo dual, oponiendo una underclass of world cities [clase baja de las ciudades mundiales] basada en gran medida en la mano de obra inmigrante y los empleos precarios, a una clase formada por ejecutivos de servicios empresariales, élites transnacionales, profesiones de lujo y de turismo internacional. La hipótesis de Sassen (1991) establece el vínculo entre los cambios a nivel nacional e internacional en la división del trabajo y la concentración de los servicios financieros y de coordinación: la desindustrialización de las ciudades mundiales va unida a la creciente polarización de la estructura del empleo (crecimiento de los empleos más calificados y menos calificados), a la dualización de la escala de ingresos y la residualización de la clase media, con un aumento de la segregación residencial. El vínculo entre la internacionalización de la economía y la polarización socioprofesional fue analizado particularmente en el caso de New York, dual city [Nueva York, ciudad dual] (Mollenkopf and Castells, 1991). Cualesquiera que sean los relatos empíricos de la ciudad dual, se construye una narrativa de la polarización y de la aparición de una nueva estructura de clases, cuyo significado retórico y político es importante y estructura una parte del debate desde entonces (Beauregard, 1993; Hamnett, 2001), incluidas las visiones binarias de la gentrificación y la secesión (Donzelot, 1999). Otros lo ven más bien como el surgimiento de una clase creativa que desplaza las cuestiones sociales y políticas de una estructura de clases en favor de solidaridades interindividuales más horizontales (Florida, 2003): son hipótesis fuertemente criticadas por sus deficiencias empíricas, mientras que la estructura de clases posindustrial es una cuestión que merece figurar en la agenda política. (Véase, por ejemplo, Davidson y Wyly, 2012, cuyas conclusiones son muy estimulantes) [1]. La cuestión de la polarización ha animado particularmente los trabajos sobre las grandes metrópolis desde la década de 1990, y da lugar a importantes debates sobre las relaciones causales entre la polarización, la reestratificación de las clases medias en una economía posfordista y la gentrificación. (Ver en particular el debate Clerval, 2020; Hamnett, 2021).
Desde un punto de vista metodológico, la polarización social se analiza por tanto a menudo como una evolución estadística bimodal en las categorías socioprofesionales o de ingresos, que Marcuse (1989) compara con la forma de un reloj de arena. Sin embargo, los estudios se basan frecuentemente en una estructura de datos que construye esta oposición, heredada de una larga tradición de análisis de los índices de segregación (Le Goix, 2022). De este modo, para fundamentar las transformaciones de los mercados laborales en la metropolización, los índices de disimilitud se utilizan en el análisis de las categorías socioprofesionales, que contrasta de manera dual las rentas altas y bajas, por un lado; ejecutivos y trabajadores/empleados, por otro. (Para un estudio comparativo en las ciudades europeas, véase por ejemplo Tammaru et al., 2016).
La crítica de la polarización favorece una hipótesis opuesta (o complementaria) de una “profesionalización” dentro de la estructura de clases o de ingresos. De hecho, la dinámica de profesionalización en inglés [2] refleja el ascenso de una nueva “clase media”, producido por el desplazamiento de la sociedad de la información y los servicios hacia funciones directivas y técnicas, es decir, un cambio en la estructura socioprofesional de las sociedades capitalistas avanzadas. Varios estudios empíricos demuestran que la reestructuración productiva posfordista se refleja más en una profesionalización que en una polarización del empleo, de la que Hamnett (1994) ofrece un relato crítico. Hamnett (2003) describe el carácter socioeconómico posindustrial de Londres como basado en “un crecimiento significativo y constante de la proporción de grupos de profesionales y directivos y un descenso significativo y constante del tamaño y la proporción de trabajadores manuales calificados, semicalificados y no calificados” (p. 2406). En lugar de hablar de desplazamientos vinculados a la gentrificación, Hamnett analiza que “la transformación que tuvo lugar en la estructura de las clases profesionales de Londres estuvo asociada a la sustitución gradual de una clase por otra, más que a un desplazamiento directo a gran escala” (p. 2424)[3]. También en París, estos debates invitan a los autores a decidir entre polarización y profesionalización. Junto con el análisis de la segregación, Préteceille (2006) observa que en Île-de-France, en la década de 1990, estas reestructuraciones socioprofesionales produjeron espacios relativamente compuestos o mixtos, en particular los barrios “medios mixtos” de profesiones intermedias y ejecutivos de la función pública, donde la mezcla está aumentando; únicamente las categorías de los ejecutivos del sector privado y las profesiones liberales permanecen claramente separadas de las demás categorías. Entre esas reestructuraciones, la movilidad ascendente desde el escalafón inferior y los cambios en el escalafón intermedio son, por tanto, las dinámicas predominantes: una tendencia identificada de nuevo recientemente en Londres, Nueva York o Tokio, en los análisis más recientes (Van Ham et al., 2020). De este modo, en el Ramdstad neerlandés, las funciones comerciales y de servicios con un alto nivel de formación (abogados, profesores, personal médico, técnicos), así como las funciones directivas, desempeñan su papel en estas reestructuraciones (Atzema y Smidt, 1992; Hamnett, 1994). Importantes factores de disociación entre posición social y riqueza están vinculados con la precariedad creciente de las situaciones laborales (contratos de una duración determinada y precariedad laboral, incluso en los servicios avanzados). Estudios comparativos (en París, Río de Janeiro, San Pablo) llegan a conclusiones similares, lo que permite generalizar los resultados aplicando modelos conceptuales del Norte en las grandes metrópolis del Sur (Marques y França, 2020; Préteceille y Cardoso, 2020).
La polarización social también debe relacionarse con un proceso que se enmarca en categorías étnicas y raciales (Hamnett, 1994). Por lo tanto, la hipótesis de una dualización o polarización de la estructura de clases no puede abordarse al margen de los estudios sobre la segregación en América del Norte y, en particular, de los trabajos sobre la hipersegregación y el concepto de underclass [clase baja], noción que se refiere a la acumulación de desventajas en los guetos afroamericanos de las metrópolis del norte de Estados Unidos, afectadas sistemáticamente por la desindustrialización desde la década de 1960 y por el colapso de los servicios públicos locales (Wilson, 1987). El término gueto, como forma institucional, procede de una “concatenación de mecanismos de cierre y control etnorraciales” (Wacquant, 2008, p. 49). Se utilizó de modo discutible en relación con los suburbios parisinos o los “enclaves étnicos” londinenses. Los primeros se incluyen en gran medida en los circuitos de redistribución, a pesar de los obstáculos a la movilidad asociados a la estructura de los mercados inmobiliario y laboral y a los métodos de mantenimiento del orden (Wacquant, 2008). Los segundos se presentan más bien como una cuestión de preferencias en los mercados residenciales (Peach, 2009). Situaciones similares de cambios semánticos se pueden observar en otros países, como en Canadá o Dinamarca (Walks, 2020). Según Marcuse (1997), la ciudad polarizada sería más bien una yuxtaposición de enclaves étnicos, de barrios relegados, que se distinguen de la “ciudadela”, los enclaves exclusivos para los más ricos.
Por último, Marcuse (1989) critica la hipótesis de la dualización, porque introduce un punto de vista rígido y alejado de las realidades cambiantes de la estructura laboral, debido a la fragmentación espacial, por un lado; y a la división del trabajo en función de las estructuras de género y las asignaciones etnorraciales, por otro. Por ejemplo, al trabajar sobre la relación entre división social del espacio, la estratificación de clases y los orígenes migratorios, Rhein (1998) analiza la forma en que la estructura de clases se normaliza por la intermediación del Estado de bienestar, las lógicas redistributivas (asistencia social) y el ámbito de la formación (escolar o profesional). Esas dimensiones son aspectos relevantes de la estratificación social y la reproducción de las desigualdades. Ella demuestra de este modo que la polarización social en París y en Île-de-France se vio reforzada a partir de una reestratificación a la vez social y espacial en la década de 1980. A nivel metropolitano, las personas nacidas en el extranjero están sobrerrepresentadas en el estrato social obrero, mientras que las profesiones directivas excluyen a los no nacionales. A escala intrametropolitana, la concentración creciente de población nacida en el extranjero en los antiguos suburbios obreros se corresponde con la exclusividad creciente de los municipios habitados por las clases medias y altas en París (Rhein, 1998). La estructura social y espacial pone en juego procesos duales de polarización, complejos para su interpretación. En Ámsterdam, por ejemplo, Boterman (2012) señala que, en un sistema con pocas restricciones en la elección de la escuela, la relación entre la segregación escolar y la segregación residencial es fuerte, y que ambas se refuerzan mutuamente.
Las lógicas de polarización social actuales son numerosas, pero una de las más poderosas en la actualidad se relaciona probablemente con los mercados inmobiliarios, que atraviesan todos los elementos anteriores, y están considerados ampliamente como vector de polarización social. La dinámica tiene sus raíces en la transición a una economía posfordista, que implica lógicas de financiarización y, sobre todo, el debilitamiento del Estado de bienestar keynesiano (Sassen, 2012). Por ello, los trabajos más recientes sobre la polarización se centran en la transformación de los mercados inmobiliarios en ese contexto de reforma del Estado de bienestar y en la generalización de un modelo de capitalización de activos por parte de los hogares (“asset-based-welfare”; véase Doling y Roland, 2010; Schwartz, 2012). La estratificación social vinculada a la financiarización se puso claramente de manifiesto en el período posterior a la crisis financiera mundial de 2007-2008: Pikety (2013) demostró que las inversiones de los hogares, en particular en vivienda e inmuebles, son potentes impulsores de las desigualdades socioespaciales, que conducen a la construcción de una nueva estructura de clases, donde el patrimonio es el vector principal de polarización social. En efecto, la vivienda se convierte en un instrumento de la dinámica de capitalización de los activos y, por tanto, de la desigualdad socioespacial más amplia, que va más allá de los ingresos laborales. El cambio de los mercados hacia un modelo de “keynesianismo privatizado” promueve el acceso a la propiedad de la vivienda financiada con la deuda como una estrategia eficaz de acumulación de activos para los hogares (Crouch, 2009). Estas tendencias se observan en un gran número de ciudades, en forma de dependencia de la trayectoria observada en casi todos los Estados-nación que han adoptado reformas neoliberales (Rolnik, 2013). Se observan modelos arquetípicos de financiarización en Estados Unidos y el Reino Unido, en los Países Bajos, por ejemplo, en los préstamos hipotecarios (Langley, 2006; Gotham, 2009; Aalbers, 2012) con efectos especialmente poderosos en función de las categorías etnorraciales. Las consecuencias sobre las estructuras sociales son esenciales para comprender las pautas contemporáneas de la segregación a través de la estratificación de la vivienda. Así, algunos trabajos han demostrado que la inflación de los precios era un factor de polarización social (Boulay, 2012; Hochstenbach y Arundel, 2020; Le Goix et al., 2021) y de segregación etnorracial (Aalbers, 2005). En una escala de comparación interurbana, Tammaru et al. (2016) analizan conjuntamente el papel del tamaño de las ciudades en Europa, vinculando la trasformación de los regímenes de Estado de bienestar con la redistribución de las riquezas; los regímenes de los mercados inmobiliarios con los índices de segregación aplicados a las categorías socioprofesionales y a las medidas de desigualdad. Demuestran que el efecto del rango de las ciudades globales en la jerarquía urbana (global city index [índice de ciudades globales]) no es la principal explicación del cambio en la segregación y las desigualdades en las ciudades europeas, sino que los regímenes de vivienda y redistribución desempeñan un papel relevante en las lógicas de polarización, con fuertes efectos de recuperación en las ciudades en transición postsocialista (Musterd y Ostendorf, 1998). Demuestran efectivamente que la polarización social no está determinada por el tamaño o el papel global de la metrópoli, sino que las estructuras locales de los mercados de la vivienda son decisivas en las explicaciones. Sintomáticamente, el crecimiento de las desigualdades de ingresos, con sus efectos altamente polarizadores, precede en general en unos diez años al aumento de la segregación (entre clases sociales), en la mayoría de las ciudades europeas (Tammaru et al., 2019
[1] Para el lector que no puede tener acceso a este texto: “Our analysis documents a durable, fine- grained geography of social class division in London, which has been changed but not erased by ongoing processes of industrial and occupational restructuring: the central tensions of class in the city persist. Without critical empirical and theoretical analysis of the contours of post-industrial class division, the worsening inequalities of cities like London will be de- politicized. We suggest that class-conscious scholars should only head to Florida for Spring Break or retirement.”. Davidson, M. and Wyly, E. (2012) Class-ifying London, City, 16(4), pp. 395-421 (https://doi.org/10.1080/13604813.2012.696888). DOI: 10.1080/13604813.2012.696888.
[2] Muchos estudios francófonos priorizan la “calificación” de la población activa.
[3] ‘A significant and consistent growth in the proportion of professional and managerial groups and a significant and consistent decline in the size and proportion of skilled, semi-skilled and unskilled manual workers’ Hamnett, C. (2003) Gentrification and the middle-class remaking of inner London, 1961–2001, Urban Studies, 40(12), pp. 2401–2426. ; ‘the transformation which has taken place in the occupational class structure of London has been associated with the gradual replacement of one class by another, rather than large scale direct displacement’ (ibid., p. 2424).

