Posmodernismo

A partir del texto epónimo de Jean François Lyotard, aparecido en 1979, los debates en torno a la cuestión del posmodernismo han conocido un desarrollo importante en nuestra disciplina, especialmente entre los geógrafos anglosajones. Se acostumbra a distinguir la posmodernidad que caracteriza a las manifestaciones de una época y de una sociedad, en su oposición a la modernidad y a las transformaciones tecnológicas que pertenecen al dominio de la epistemología. Este segundo término corresponde a una corriente de pensamiento que cuestiona el proyecto científico salido de la filosofía de las Luces.
Las posiciones iniciales del posmodernismo se fundan en un replanteo de los modelos interpretativos dominantes en las ciencias sociales y estarían influidos por efectos de contexto. Se apoyan en la idea de que las últimas décadas del siglo XX habrían conocido una doble ruptura, a la vez epistemológica y socioeconómica. La necesidad del investigador de extraer consecuencias intelectuales puede resumirse en la fórmula: “conceptos cambiantes en un mundo cambiante”. Estaríamos viviendo una transición mayor en la trayectoria histórica de la economía global y de la evolución geopolítica. El hecho de que estemos en el umbral de una nueva época justificaría un replanteo de las ortodoxias teóricas en las ciencias sociales. En la base de las obras fundadoras del posmodernismo en geografía [D.Harvey: The condition of postmodernity (1987) y E.Soja: Postmodern Geographies (1989)] se hallan los interrogantes sobre la dinámica del mundo actual y la necesaria reinserción de lo espacial en las ciencias sociales. E. Soja parte de la comprobación de que, en las ciencias sociales, “la hegemonía del historicismo en la conciencia teórica ha ocultado una sensibilidad comparable a la espacialidad en la vida social”. Este historicismo sería una de las características del pensamiento moderno, y especialmente de pensadores del siglo XIX o de comienzos del XX tales como Marx, Marshall, Weber o Durkheim, que tienen en común en sus teorías un sobredesarrollo de la contextualización histórica y coinciden en dar la prioridad al tiempo y a la historia en relación con el espacio y la geografía. El proyecto posmoderno pretende por el contrario contribuir al reconocimiento de la validez de una aproximación tanto espacial como temporal en la comprensión de la vida social contemporánea.
A partir de allí la corriente posmoderna se articula alrededor de algunas problemáticas recurrentes.
a) La problemática de los modelos de conocimientos y de representaciones de la realidad. Esto pasa por la deconstrucción sistemática, más que por la simple crítica, de los cuadros de pensamiento “modernos” de mano de los geógrafos posmodernos (D. Gregory, R. Martin, G. Smith, M. Dear, etc.). La geografía posmoderna tendría como objetivo edificar una geografía humana crítica centrada en “las luchas emancipatorias de todos los que son marginados u oprimidos por la geografía específica del capitalismo” (Soja, 1989). Los centros de interés de estos autores se dirigen hacia la reestructuración socioespacial, que sigue luego del fin de los Treinta Gloriosos, del advenimiento del posfordismo y del régimen de acumulación flexible; y en el dominio urbano, hacia las nuevas estructuras emergentes de las grandes metrópolis norteamericanas: edge-cities, gated communities y world cities [ciudades marginales, barrios cerrados y ciudades mundiales] serían los indicios de un vuelco importante en la dinámica socioespacial. Este despliegue y la emergencia de un “new capitalism” permiten constatar que el capitalismo no sería únicamente un proceso histórico, sino también geográfico. Siguiendo las reflexiones de E. Soja y A. Scout, quienes consideran a Los Ángeles a la vez como una ciudad fuera de toda norma y también como la prefiguración de las metrópolis mundiales, M. J. Dear intenta elaborar un modelo alternativo para interpretar, fuera del marco proporcionado por los paradigmas de la Escuela de Chicago. Según M. J. Dear, la ciudad se convierte en un conjunto de parcelas fragmentadas, en el cual la relación entre el desarrollo de un espacio y el no desarrollo de otro es aleatoria o tabicada, lo que le permite volverse a cuestionar a la vez la lógica de las economías de aglomeración que privilegian los centros urbanos y el esquema convencional de la ciudad, en provecho de un “pegado discontinuo de paisajes consumerizados”.
b) La segunda problemática se sitúa en la filiación entre las ideas de M. Foucault sobre las relaciones entre poder y saber. La geografía posmoderna desea abandonar un discurso de experto que habla en el lugar de los que no tienen la palabra y se propone entonces hacer entender la voz de todos los que no se sitúan en una posición cualquiera de poder o de dominación (minorías, culturas no occidentales, “gender geographies”, etc.) Por rigor intelectual y necesidad de justicia en la consideración de los grupos dominados, tales estudios no pueden ser aprehendidos a través de grillas interpretativas forjadas por el pensamiento dominante. Ésta se completa con reflexiones sobre la identidad y la invención de identidades nuevas: mestizajes, mezclas, etc.
Esta segunda problemática desemboca lógicamente en el problema del relativismo del discurso y plantea la cuestión de la verdad en ciencias sociales. Tomar una postura que afirme el relativismo generalizado de las teorías y la multiplicidad de las “verdades” plantea la cuestión de la validación científica de los trabajos en ciencias sociales. A partir del momento en que se rompe el mito de la exterioridad y de la distancia del investigador en relación con su objeto de investigación, los trabajos se sitúan antes en el universo de la comprensión que en el de la explicación. Así, para R. Martin, «For postmodernists, there is no singular or absolute truth ; but multiple «truths» and «stories». The task of explanation therefore becomes one of discourse analysis and deconstruction, of revealing the discursive structures, ideological beliefs and textual strategies that we use, consciously or unconsciously, to establish the context and persuasiveness of our different knowledge claims». (R. Martin, 1994). [Para los posmodernos, no existe una verdad singular o absoluta, sino múltiples “verdades” e “historias”. La tarea de la explicación se convierte no obstante en un análisis del discurso y reconstrucción, de revelar las estructuras discursivas, creencias ideológicas y estrategias textuales que usamos, consciente o inconscientemente, para establecer el contexto y la persuasión de nuestros reclamos de conocimiento diferente]. Dos ejes de reflexión pueden extraerse de esta cita. Si la producción de conocimientos en ciencias sociales sólo sale del dominio discursivo, se plantean las cuestiones de su utilidad social, de la indiferenciación entre la verdad y el error, de la renovación de los conocimientos científicos. Esta omisión permite hacer una pausa sobre una de las bases de la ciencia contemporánea, fundada no solamente en una vigilancia crítica en la consideración de sus propias marchas, sino también en la puesta a punto de criterios precisos de validación de sus trabajos o encuestas. A pesar de estas reservas, esta cita no constituye simplemente una posición de principio cuyo alcance práctico sería sin mañana, acordémosle el mérito de hacer resurgir también en geografía la vieja cuestión de la legitimidad social de los diagnósticos sobre el territorio y la organización del espacio, así como la del usuario final de toda expertise espacial. ¿A quiénes están destinados los escritos de los geógrafos y qué usos hacen de ellos los destinatarios?
El trabajo de deconstrucción de los discursos disciplinarios unido a la debilidad de las grandes interpretaciones del mundo conduce a otros posmodernos a un relativismo radical, que reduce la idea del progreso científico a una componente del imperialismo occidental. Este relativismo fundado en la idea de la inconmensurabilidad, no solamente de las teorías científicas entre sí, sino también de las ciencias, de los mitos y las religiones, pudo estar influenciado por un autor como P. Feyerabend (“Adieu la raison” [“Adiós a la razón”], ed Le Seuil, 1989, p. 338), quien considera que “no existe ninguna razón objetiva para preferir la ciencia y el racionalismo occidental a otras tradiciones […]. Todas las culturas tienen razones objetivas a su favor”.
Este papel del contexto socioeconómico de fines del siglo XX como justificación del posmodernismo y de la posmodernidad plantea la cuestión de la adecuación entre teoría y realidad del mundo. ¿Estamos en presencia de un simple seguimiento de la actualidad -el cambio espacial existe, las grandes metrópolis se transforman- que se alimentaría de un déficit de inteligibilidad, una suerte de respuesta momentánea del pensamiento racional a la falta de visibilidad del mundo?
A través de estas tomas de posición de los geógrafos posmodernos y de la desproporción en sus escritos entre la parte de “ruptura” y los aportes nuevos en términos de interpretación del mundo se halla planteada la nueva cuestión de la producción del conocimiento. El contraste frecuente en los posmodernos, entre la justeza del diagnóstico sobre el cambio de estado de los fenómenos o los objetos de estudio, y sus dificultades para producir nuevos conceptos y nuevas teorías interpretativas, justifica interrogarse sobre las razones de la debilidad científica final: ¿se trata de una debilidad del “útil” posmoderno o es necesario incriminar la complejidad del objeto, que escapa al hilo interpretativo?

 

Bibliografía:
-Dear M.J. (2000), The postmodern urban condition, Oxford, Blackwell Publishers.
-Feyerabend P. (1989), Adieu la raison, ed Le Seuil, 1989, p. 338.
-Harvey D. (1987), The condition of postmodernity.
-Lash S. (1992), "Postmodernism or Modernism ?", en: J. Doherty y E. Graham, dir.: Postmodernism and the social sciences.
-Lyotard J.F. (1979), La condition postmoderne. Rapport sur le savoir, '(Paris, Ed de Minuit.
-Martin R. (1994), Economic theory and human geography, en: D. Gregory : Human geography, society, space and social sciences, Mac Millan.
-Soja E. (1989), Postmodern Geographies, Londres, Verso.